¿Por qué la Plazoleta de Pinochet nos divide?

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Ayer se conmemoró un nuevo aniversario del Golpe Militar de 1973, y en Linares -particularmente- se reabre el debate por la plazoleta de Pinochet. En ViveLinares hicimos un análisis y una reflexión de porqué la plazoleta se debe renombrar, la falta de auto-crítica de la izquierda, y sobre todo, el tema de los Derechos Humanos.

Si eres de los que está cansado de la discusión por la plazoleta de Pinochet, porque quizás no te identificas con izquierdas ni con derechas, o porque probablemente no habías nacido para el Golpe de Estado; es porque la discusión de fondo no se trata de izquierdas o derechas. El tema de fondo son los Derechos Humanos.

Es importante que todos quienes de alguna forma participamos directa o indirectamente en el debate público; hagamos nuestro el discurso de los Derechos Humanos, transformándolo en un parámetro mínimo para la convivencia social, y desde el cual construyamos una socidad civilizada.

Hernán Santa Cruz fue el primer embajador chileno en la ONU y formó parte de la Comisión que redactó la solemne Declaración de los Derechos Humanos. Su nombre ha sido olvidado porque Santa Cruz era declarado abiertamente anticomunista. Cuando se aprobó la Declaración en 1948, Santa Cruz dijo: “Se ha alcanzado un consenso con respecto al valor supremo de la persona humana”.

Es por esto que los crímenes de lesa humanidad son tan horribles; porque atentan contra las condiciones fundamentales que le permiten a una persona… ser persona en la sociedad.

La violación a los Derechos Humanos ocurre cuando un Estado se organiza y financia instituciones para perseguir y eliminar a los opositores. No hay contexto posible ni circunstancia alguna que lo justifique. Es el peor crimen que puede cometer un Estado contra su propia gente.

Esto no significa que –por ejemplo– no puedas tener una opinión contraria al Gobierno de la Unidad Popular. O que no consideres al Golpe Militar como una alternativa para quienes querían terminar con el Gobierno de Allende. La izquierda chilena nunca ha hecho una autocrítica en serio de lo ocurrido antes del Golpe de Estado, y cuando uno se atreve a criticar a Salvador Allende, reaccionan de muy mala manera.

Es posible afirmar que el Gobierno de la Unidad Popular infringió normas de convivencia democráticas, y que el acercamiento de Salvador Allende con grupos armamentistas deslegitimaban su vocación institucional. Es posible afirmar también que los crímenes cometidos por grupos terroristas de extrema izquierda estaban vinculados a partidos que componían la Unidad Popular. Sin embargo, y como lo mencionamos, nada de esto justifica la violación de los Derechos Humanos. El Gobierno de Allende, que llevó a nuestro país a un caos social, político y económico, jamás implementó como instrumento del Estado una política institucional de exterminio, de torturas ni desapariciones.

No es correcto, entonces, comparar homenajes a Salvador Allende con homenajes a Augusto Pinochet. Así como no es correcto igualar el Memorial de Detenidos Desaparecidos con la plazoleta de Pinochet. El Memorial de la Plaza de Armas recuerda a quienes fueron torturados y asesinados por agentes del Estado, mientras que en la Plazoleta de Pinochet se homenajea a la persona responsable de ello. Quienes piden eliminar ambos monumentos, no sólo cometen un error, sino que además desconocen profundamente el tema de los Derechos Humanos.

Cuando los pinochetistas se reúnen todos los años en la plazoleta de Pinochet; no celebran los fusilamientos ni los ejecutados políticos. Celebran el derrocamiento de Allende y lo que para ellos es una instancia de libertad. Bien podrían seguir haciéndolo sin que la plazoleta llevase el nombre del dictador, como ocurre en todo el país con diversas manifestaciones.

¿Es posible, entonces, conciliar la idea del progreso económico y el desarrollo social con el costo de cientos de vidas humanas y los vejámenes de otros tantos miles? La respuesta es no. No se puede. Y es por eso que políticos contemporáneos de derecha, que han defendido y destacado aspectos positivos del Gobierno Militar, se han alejando completamente de la figura de Augusto Pinochet. Y es que Pinochet Ugarte quedará para siempre en la Historia de Chile, de Latinoamerica y del mundo, como el Jefe de un Estado que violó sistemáticamente los Derechos Fundamentales de chilenos y chilenas.

El Alcalde de Linares ha hecho una muy mala lectura de la problemática de esta plazoleta, esgrimiendo un argumento incomprensible de una época donde la política era la búsqueda de los consensos, y culpando a sus antecesores por la falta de acción; recordando aquella vieja política de los 90, cuando la Concertación y la Alianza se tiraban la pelota unos a otros.

Cuando existe un problema real y objetivo que se repite todos los años, al margen de las causas que lo originan, es deber de la autoridad buscar una solución. El Alcalde de Linares, por el contrario, se ha negado rotundamente siquiera a abrir el debate respecto si los linarenses queremos o no, en el 2018, una plazoleta con el nombre de Pinochet. Sus declaraciones  demuestran que no ha hecho un análisis profundo y una reflexión acabada sobre un tema tan importante como los Derechos Humanos.

Renombrar la plazoleta de Pinochet no requiere de esfuerzos económicos ni desgastantes procesos burocráticos. No es un acto político; no es un acto de odio ni un retroceso; es un avance humano y de solidaridad con las víctimas de torturas y familiares de detenidos desaparecidos. No coarta la libertad de manifestarse a quienes en su pleno derecho celebran el 11 de Septiembre como un momento de libertad.

Ya va siendo tiempo que los linarenses y sus autoridades tengan la estatura moral para seguir adelante, conociendo la historia, y demostrando grandeza de tener un poco de humanidad.


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